Espacio de Cordura

Mi lugar de encuentro

Dimensión Desconocida

sonrisas

Durante las últimas semanas me ha estado sucediendo algo extraño…Más extraño que lo que pensaste cuando leíste la frase anterior. En algún momento he llegado a pensar que pase a habitar  alguna realidad alterna donde la mayoría de los seres   llamados humanos emanan una casi extinta gentileza hacia el prójimo desconocido.

He tenido que mantenerme en alerta y agudizar mis reflejos para poder responder inmediatamente con un gracias  ò igualmente a los inesperados  ¡Buenos Días! con que he sido sorprendida mientras voy por la calle acabando de despertar.

En mi pueblo eso es normal  -manifestarán algunas personas-   Y efectivamente en algunos pueblos es así, pero no en el centro de Monterrey.

¡Ah! pero es que allí no ha parado todo; lo que en algún momento me llevó a sospechar que tal vez estaba  desahuciada y que todo el mundo lo sabía menos yo (teoría que ya descarté previa valoración médica)  fue la amabilidad  de los muy estereotipados choferes de los microbuses y camiones urbanos. En el momento  en que desciendo de la unidad he sido despedida (en mi diccionario de sinónimos no encontré ninguna remisión a otra palabra similar que pudiera utilizar en su lugar)  con : ¡Ande que le vaya bien! , ¡Cuidese! , ¡Que Dios la Bendiga!…¿ Y que hacer en este momento de trance?, pues nada, por que los segundos en que bajas no dan más que para alcanzar a cerrar la boca que la sorpresa inicial ha abierto.

¡Oh! sí, es cierto. Este año he coincidido no sólo con personas sumamente amables, si no con otras que hacen más que sólo cumplir con su trabajo y obligación.   Como  las enfermeras de piso del Hospital  25,   las maestras de la  Pablo Livas,  los empleados de SUMITEL y  l@s emplead@s de  Materias  Primas ASIS.

…Y casi olvido a un elemento de Seguridad Publica del Estado quién se encontraba asignado el martes (3)  al área donde se encuentran los  bancos de Padre Mier  entre Parás y Escobedo, no sólo hacía sus rondines entre un banco y otro, también atendió el transito de ese crucero, colocó una señalización sobre un montón de vidrios rotos que había en la banqueta, retiro de la misma un pedazo de escombro, ayudo a descender de un taxi a una persona en silla de ruedas y estuvo atento de todas las personas de la tercera edad que se encontraban haciendo fila en las puertas de Bancomer..

Archivado bajo:Humor, Monterrey

Bienvenid@

A mi espacio de locura, cordura, encuentros, desencuentros y todo aquello que gira alrededor de mi vida.

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