El domingo llegue a un blog de una regiomontana  que describía la maravillosa semana que había pasado en los Cabos B.C.. Y  en su narración ponía énfasis en que en toda la semana no había escuchado el ruido de una sirena, cosa que cuando esta en Monterrey es imposible. Lo leí y en ese momento  me pareció algo exagerado,  aunque confieso que no logré recordar cuantos días habían pasado desde que escuche una sirena,  pero según yo eran muchos.

Así que mi propósito para esta semana fue el poner atención y contar realmente cuanto tiempo pasaba sin escuchar una. El lunes, poco después de las 7:00 am escuche la primera, de allí a hoy ha sido una diaria, en diferente lugar y hora  pero todos los días,  el tiempo máximo que transcurrió entre una y otra  fueron 26 hrs.

Me di cuenta que lamentablemente el sonido de las sirenas forman ya parte de la ciudad, de nuestra cotidianeidad y por eso no prestamos atención a ellas  ya se ha vuelto tan rutinario escucharlas,  es como el sonido del claxon, no cuentas cuantos escuchas en un día.

Empiezo a extrañar el Monterrey de antaño, tal vez me estoy volviendo vieja.

Gracias por leerme.

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