A la orilla de la chimenea

A la orilla de la chimenea

Puedo ponerme cursi y decir

que tus labios me saben igual que los labios

que beso en mis sueños,

puedo ponerme triste y decir

que me basta con ser tu enemigo, tu todo,

tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.

Y si quieres también

puedo ser tu estación y tu tren,

tu mal y tu bien,

tu pan y tu vino,

tu pecado, tu dios, tu asesino…

O tal vez esa sombra

que se tumba a tu lado en la alfombra

a la orilla de la chimenea

a esperar que suba la marea.

Puedo ponerme humilde y decir

que no soy el mejor

que me falta valor para atarte a mi cama,

puedo ponerme digno y decir

“toma mi dirección, cuando te hartes de amores

baratos de un rato…me llamas”.

Y si quieres también

puedo ser tu trapecio y tu red,

tu adiós y tu “ven”,

tu manta y tu frío,

tu resaca, tu lunes, tu hastío…

O tal vez ese viento

que te arranca el aburrimiento

y te deja, abrazada a una duda,

en mitad de la calle y desnuda.

Y si quieres también

puedo ser tu abogado y tu juez,

tu miedo y tu fe

tu noche y tu día.

Tu rencor. Tu por qué. Tu agonía…

O tal vez esa sombra

que se tumba a tu lado en la alfombra

a la orilla de la chimenea

a esperar que suba la marea.

Joaquín Sabina; Física y Química 1992

gracias

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