Una noche en casa

Un cambio de planes de última hora, me llevó  a pasar una noche mejor de lo que me esperaba. Sin mucho ánimo fui a rentar Australia, me enfundé en mi suéter favorito y pedí pizza. La primer sorpresa de la noche fué un: buenas noches, me llamo X y vengo de Pizza Hut a entregar un pedido a X que consiste en… La noche fue condescendiente conmigo, no permitiendo que se notara, ni mi cara de sorpresa ni la boca abierta ante el despliegue de gentileza y amabilidad por el repartidor. Es tan raro tratar con alguien amable que cuando llegas a toparte con estos seres casi extintos es imposible no entrar en la duda de si irán a pedirte algún riñon.

Mi segunda sorpresa fué que disfrute como niña chiquita el comer alternadamente rebanas de 2 pizzas diferentes; hasta ahora siempre había ordenado una, pero no más.

Australia cerró con broche de oro la noche. Me la habían descrito como larguísima y aburridísima. Pero para mí, nada más lejos de la realidad. Me gustó. Y guardando toda proporción me recordó Lo que el viento se llevó.

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