Sobresalir para Triunfar

Por que a  veces ser el mejor no es suficiente, hay que buscar el sobresalir de los demás con algo innovador e inesperado:

 

Hace muchos años, un zapatero abrió una zapatería en la ciudad de Hamburgo. El zapatero se dedicó a remendar zapatos, como es normal en un zapatero. Sin embargo, la gente empezó pronto a murmurar que, aparte de su habilidad de remendón, gozaba de poderes extraordinarios como curandero. Los relatos de sus curas se propagaron como reguero de pólvora y, al cabo de unos pocos meses, una gran fila de gente se formaba desde la mañana en la calle donde vivía el zapatero, que ya no remendaba zapatos, ocupado como estaba todo el día en consultar a los enfermos y en describirles misteriosos cocimientos y menjurjes de su santiscario.

   Su fama no tardó en llegar hasta las colonias más elegantes. La gente rica comenzó a abandonar a los terapeutas de moda y el rumbo pobre donde vivía el reparador de zapatos se llenó de lujosos automóviles, en que los enfermos esperaban su turno para ser atendidos por el milagrero.

   Al cabo de un tiempo, los médicos, debidamente registrados y provistos de diplomas nacionales y extranjeros, se inquietaron. Las denuncias contra el aguafiestas de los galenos empezaron a llover en las delegaciones de policía. Al fin, ese caso inaudito fue sometido a las más altas autoridades del país. Las protestas de los médicos surtieron efecto y, un buen día, la policía se presentó en la humilde tienda y sorprendió al zapatero en flagrante delito de recetar a una madre algún inmundo remedio casero para el niño que traía en brazos. El hombre fue inmediatamente aprehendido, esposado, empujado al coche y llevado inmediatamente ante el juez, quien puso una cara muy seria. El asunto parecía se iba a concluir en varios años de cárcel.

   De repente, se oyó la voz del aprehendido, que hasta entonces no había tenido la oportunidad de abrir la boca.

– Perdón, pero, ¿podría saber de qué se me acusa?

-¡Cómo! ¿Usted se atreve a preguntar? Está acusado del ejercicio ilegal de la medicina.

-Y ¿por qué? – repuso tímidamente el remendón.

-¿Cómo que por qué? ¿ Acaso es usted doctor?

-Sí, señor – contestó el zapatero sin inmutarse-, Soy doctor y si esos señores me quitan las esposas y me permiten regresar a mi casa, les voy a traer enseguida mi diploma en medicina.

   Al juez se le cayo la quijada de la sorpresa.

-¿Cómo? ¿Es usted doctor en medicina y tiene un taller de zapatería?

-¿Acaso se les prohíbe a los doctores tener un local  de zapatero?

-No…pero es poco usual.

-Será poco usual, pero eso no le da derecho de meterme “al bote”

   El juez hizo a los policías una señal para que le quitaran las esposas.

-Bien. ¿Podría usted explicarme por qué puso un taller de zapatero en lugar de abrir un consultorio como lo autoriza la ley?

– Por una razón muy sencilla, señor juez. Si yo hubiera abierto un consultorio, me hubiera transformado en un medico común y corriente y hubiera tardado años en formarme una modesta clientela. Pero un zapatero que cura…¡Uy!  ¡Que publicidad!   Ya vio usted el resultado.

-Y…¿Sus remedios caseros, sus menjurjes, sus bebedizos?

– ¡Que bebedizos ni que ocho cuartos! Doy a mis enfermos exactamente lo mismo que los otros doctores: penicilina, tetraciclina, hidrocortisona y tutti cuanti

Weisenborn

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